Ya estamos vacunados

Edgardo Mendoza Guerra

Cada semana el país y el mundo producen hechos, unos preocupan, otros asustan, y algunos dan risa. A este lo llaman emprendimiento cultural naranja. No podían faltar estos tres factores en todas partes. Vacunas por venir, abrir billares sin cervezas y audios del cercano pasado donde gusta mucho el tono de las costeñas de las participantes: la querida Alicia en el País de las maravillas y “Cayita”, jugando de local, donde con risas socarronas, escuchamos: ¡mandan huevo! Recordamos que el Caribe revive en cada frase.

Esos audios -sin importar su incidencia judicial- estoy seguro serán parte de las parrandas decembrinas vallenatas, lástima el carnaval de Barranquilla, sin desfiles ni carrozas públicas ni disfraces, donde seguro sus imágenes tendrían especial lugar. La Merlano pasó de moda tan rápido que ya ni sabemos si es del equipo de Maduro, o posible cónsul de Guaidó, “ahora que las relaciones volvieron a su justas proporciones”, como decía el viejo Turbay Ayala en pleno baile.

Valledupar hace dos años es Ciudad Naranja y hace tres meses Ciudad Bosque, sigue en celebraciones discretas, la misma gente que reclamaba apertura de bares, billares y moteles, está en pleno ensayo en esta nueva realidad; los billares eterno lugar de pensionados de todos los géneros: mecánicos de renombre, abogados litigantes, empleados de variedades, y gorreros de todas las cualidades, hoy encuentran que solo pueden tocar las bolas, pero nadie puede tocar las copas; es decir, una cerveza fría, apuesta permanente entre jugadores; hoy sin alegradores acompañantes al bordo de mesas, no será igual. Presiento deber ser aburrido, meter el quince de entrada, sin poder probar la primera fría y asustar al contrincante, que encuentra en el taco curvo la primera excusa.

Falta que en moteles con las exigencias de hoy, solo permitan entrada a las esposas o compañeras permanentes, donde también – supongo- que la quiebra será inmediata. Todos los humanos tenemos tres vidas, según expertos en estudios sociales del hombre. La primera es la privada, luego la pública y la tercera es la secreta. Esta última tiene pocos testigos, es solitaria, se desarrolla como una novela de detectives, donde usted es el investigador y el investigado, usted es el sospecho y el culpable, determinador, fiscal y juez. Uno mismo es responsable de sus acciones, pero como son tan propias y tan secretas, es mejor llamarlas como de autores intelectuales; suena mejor, para al tiempo darse el gusto de secretas condenas eternas libertades.

Nos queda la vacuna, un trabajo de científicos y grandes compañías del ramo. Nosotros, vacunados contra casi todo, desde la violencia de décadas, hasta del raponero de calles y carreras; hemos tomado una alta dosis de resignación, comprender, como decía el inolvidable Juanca Gutiérrez Acosta: “para que nos pase una cosa peor, con Esta tenemos”.

Esta nueva realidad y lo que viene, será distinta. La vida pública exige cumplimientos y obligaciones que según Hobbes hacen del pacto social, el lobo que llevamos dentro, continuaremos siendo un animal político, aquel milenario sustento de Aristóteles; solo que ahora nos dirige esa “mano invisible” como Adams Smith anunció siglos atrás. Bueno, que la Divina Providencia meta su mano, mientras gotereros eternos mueren de sed en los billares por que la nueva realidad es una rueda suelta; una bola loca, una vacuna que duele y una copa rota.

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