¿Primera línea?

Por: Edgardo Mendoza Guerra

Cualquiera de mi generación, medianamente informado, escuchó  hablar de los Noal, o países no alineados en referencia a quienes se declaraban neutrales en tiempos de la guerra fría entre las dos superpotencias del siglo pasado. Los vallenatos, que son más cucuriacos, escucharon a los abuelos en regaños que había que ser de una sola línea y cuando alguien fallaba estaban torcidos con todas las consecuencias de ello.

Hoy, incluso, hay mucha gente torcida, o que se tuerce con cualquier cosa, sino una miradita por  el Concejo de Valledupar  y me cuenta. En la Asamblea es compraventa, igual me cuenta si sabe otra cosa.

Volviendo a la línea, en aquellas clases de principios geométricos primarios, donde enseñaban que dos líneas rectas paralelas nunca de juntan, nos servían para nuestros primeros piropos con las compañeras, algunas entendían, otras no tanto; lo cierto era que juntarse era tremendo lío. Hoy sobran líneas y puntos de unión, incluso La Junta, el pueblito del Cacique Diomedes, se llama así, porque dos ríos se unen ahí.

Ya los Noal no son referentes políticos actuales, existen, pero no tienen voz. Y casi ni votos. Los abuelos ya no insisten en que cojan la línea para que sean rectos en su actuar, y aquellas mujeres con un contorno curvo algo atractivo y natural, hoy salen de las salas quirúrgicas por cantidades desbordantes. Hasta el reinado nacional de belleza se ha venido a menos, por lo tanto, ese grupo curvilínea femenino ya es virtual. “¡Uy, qué líneas!”, escuchamos decir mil veces a nuestros primos mayorcitos.

Ahora con  tantos deslices y delineamientos de todo tipo, incluso manifestantes callejeros, reclamantes de derecho, organizadores y promotores de paros y otros grupos, forman la famosa Primera línea, incluso tienen patrocinadores, según comentarios políticos. Esos muchachos que encabezan las manifestaciones son de la primera línea; los militares en la guerra hablan de línea de fuego y ahora se entremezclan conceptos muy parecidos.

Me recuerda que en África por cada manada de leones sigue  otra manada de antropólogos estudiando su comportamiento, algo parecido, con la diferencia que aquí los reyes de la selva quieren ser todos al tiempo.

Estar en primera línea no es aconsejable, al menos que estén las garantías por la vida, que es lo que siempre debemos cuidar y proteger. Hay demasiados árboles, en la misma selva, con ramas, colores, y alturas distintas. Cruzar el puente tiene sus riesgos. Ya al menos descansamos de aquellos titulare sobre el Túnel de la línea, algo casi como Besotes o La ruta Escalona en el Cesar.

En mi caso, prefiero aquellos piropos costeños, contornos artísticos de féminas, incluso quedarme sin frenos ante ciertas curvas, o seguir algunas líneas paralelas aunque nunca se crucen; la esperanza o cualquier accidente provocado puede ser más útil. Algún bocadito triangular en tiempos recios es mejor siguiendo los pasos de Vargas Llosa, que encuentras rajas y hendijas en cada libro publicado. Parece rejoneador el tipo. O rajoneador, diría yo…

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