Hay que revisar propuestas de educación rural en las IES

Aquilino Cotes Zuleta

Elevo, hoy, esta súplica a los rectores y directivos de las universidades de Colombia, especialmente a la Universidad Popular del Cesar (UPC), para que inicien la recuperación y revisión de los proyectos de educación superior en el sector rural del Cesar, en cuanto a nuevas políticas de educación.

Debe darse la redención de esta sociedad campesina que no nació solo para sembrar maíz, yuca, plátano, hortalizas o papas; también requiere abrirse al futuro, concebir un nuevo paradigma para enriquecer su educación, su cultura y sus beneficios en general.

Porque la educación como proceso debe partir de un diagnóstico, un punto de referencia que permita saber cuál es la realidad en materia educativa en una comunidad y sólo a partir de ese conocimiento será posible el constructo de un paradigma más eficiente, por buena que sea la realidad; porque la educación, como muchos otros aspectos de la vida del hombre, no tiene un máximo alcanzable, dado que la humanidad evoluciona y con ello se da origen a nuevas necesidades.

Por algo se afirma que la educación es una ciencia y, desde esa convicción, se tiene que cada respuesta que se encuentra es apenas el planteamiento de una nueva respuesta qué hay que buscar, qué hay que resolver.

La UPC debería revisar aquellos proyectos educativos rurales que no sean acordes (funcionando) con políticas no innovadoras, incluso, disolver (terminar) propuestas que están sepultadas por las malas prácticas que pareciera que solo benefician a miembros de grupos para sacar provecho de recursos ($) que destina la UPC para investigación, si es así esto debería cambiar.

En vez de echar dinero en “sacos” rotos con estudios que llevan años y no presentan resultados, hablemos mejor de fortalecer la Escuela Progresista en el departamento del Cesar. Se trata de una vía para lograr la permanente cualificación de los procesos de educación en sectores rurales a los que no llega el brazo administrativo del Estado.

La educación rural del Cesar amerita urgente revisión, porque el campesino de hoy no es el de hace veinte o treinta años, entre otras cosas, porque la misma sociedad lo sacó de su ostracismo, de su aparente indiferencia, y hasta por medios sanguinarios.

La UPC debería revisar para cambiar (es una propuesta que seguro causará pica pica en algunos) esa posición subsidiada de proyectos, a veces, inoficiosos no viables que solo buscan puntos ($) para sus docentes e investigadores. Deberíamos partir de una necesidad conjunta, no particular. ¿Cientos de millones sepultados por doquier…? Tenemos que cambiar.

Ya tenemos miles de estudios que involucran posiciones semejantes, ya se sabe que el niño de ciudad tiene un margen de oportunidades diferente del que tiene el niño campesino. Mientras el niño de ciudad cuenta en gran parte con transporte que lo recoge en su casa y lo lleva al colegio para una operación contraria al final de la jornada, en Colombia aún hay niños que deben arriesgar su integridad física en largas caminatas y travesías de cuerpos de agua diariamente para llegar a un punto donde funciona una escuela rural.

Todo, en la jurisdicción de una nación que se precia de su categoría de Estado Social de Derecho y que posee una carta política que pregona la igualdad, la equidad, la no discriminación, la distribución equitativa de los recursos del Estado y la obligación de este de velar por el desarrollo integral de todos los colombianos. La verdad es que el Estado consigna muchas mentiras juntas. Hasta la próxima semana.

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