El retruécano de la crisis colombiana

Por: Miguel Aroca Yepes

Colombia no está en crisis por el paro, está en paro por la crisis.
Sin embargo las crisis, cuál sea su origen, son el mejor escenario para reinventarse, generar cambios y buscar salidas inteligentes.
¿Cuánta pobreza y cuánta desigualdad aguanta nuestra democracia? Es la pregunta que se hace el exprocurador Fernando Carrillo.

El venezolano  Norbey Marín, psicólogo, pero que posa más de periodista, en su Análisis Global atribuye el estallido social a un plan expansionista multipolar de China, Irán y Rusia para debilitar la posición geoestratégica de Estados Unidos, respetable su postura de ultraderecha.

Sin embargo sectores progresistas, antagónicos a ese pensamiento, no ven la hora de cerrar brechas y conquistar espacios de democracia, conscientes del riesgo que asumen con la frase premonitoria de Martín Luther King: “Para tener enemigos no hace falta declarar una guerra, solo basta decir lo que se piensa”.

Como en toda discusión hay que plantear una solución con inteligencia inmaterial, y con una democracia construida en la diferencia, es menester saber que este es un país que no se maneja con ideas, sino con emociones, lo que dificulta lograr consensos en medio de la adversidad de la pandemia, que desaceleró la economía y afectó los mercados bursátiles, sin mencionar la catástrofe humana, porque una sola muerte es una tragedia, refrendaba Stalin, y mal contadas ya se habla de 10 millones de víctimas fatales por cuenta del virus SARS-CoV-2, responsable del covid-19.

El pensamiento plural de ideas creativas, lejos del extremismo radical y lo absurdo que no tiene lógica ni razón, justifica el movimiento de masas, promovido por gremios,  sindicatos, pequeños empresarios, jóvenes profesionales, universitarios, sectores de opinión, en fin, muy limitados en espacios de oportunidades, a sabiendas de remar contra estrategias perversas que intentan deslegitimar sus pretensiones a través de fuerzas oscuras infiltradas que buscan a toda costa desnaturalizar el carácter de las marchas y protestas pacíficas.

Sabido es que la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer, esto es: “Que lo viejo ya no sirve y para continuar se requiere el relevo generacional”.

El modelo de mal gobernar y su engendro de odio de clase exige un cambio, clamor de todos los sectores sociales, ya hasta de universidades privadas, de las más acreditadas del país, como los Andes, Javeriana, Rosario, Nueva Granada, La Salle, etc., que antes no acompañaban las marchas de universidades públicas.

Y no se equivoca el dramaturgo alemán Bertol Brecht cuando subraya que se requiere lo nuevo para continuar, convencido de que todo tiene su ciclo, y el más infeliz de los mortales su cuarto de hora, porque Dios da dones a los hombres (Efesios 4:8), realidad de la que no se sustraen quienes por obcecación y temeridad se creen imprescindibles en el poder.

Generar espacios de oportunidades en Colombia no es fácil, por la complacencia con la corrupción, la evasión  y deducción de impuestos a los conglomerados económicos, hueco fiscal que se le quiere cargar a los más pobres.

 

 

 

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