Acudir al experto

Septiembre es mes del amor y  amistad, incluyendo sus efectos mercantiles, sus aspectos románticos, afectivos, familiares. Mes del amor, amor. Del amor Chile, ese país semejante a una tajadita de mar y montañas, según sus poetas, nos recuerda a Neruda, el mismo de 20 poemas de amor. A una nación  la conocen más por sus escritores que por sus presidentes, así sucede con ese largo país de playas, desiertos y cobre. Un chileno, Raúl Zurita, (Verás auroras como la sangre) ganador antier del premio de poesía Reina Sofía de España.

Ahora en tiempos pandémicos, hasta el futbol, la chorera o trizaga, (que valía por tres) por el nombre de Ramón Unzaga, el creador de la famosa “chilena”, que  según la FIFA es lo más espectacular visto en el futbol, es originaria de allá. De los vinos chilenos inventamos el refrán “aquél que vino al mundo y no toma vino, a que carajos vino”.

De los límites entre Chile y Argentina en la región de Tupungato nos vino “la tupungamina”, canción que Noel Petro llamó “Cabeza de hacha” y que los vallenatos conocemos en la voz de Diomedes Díaz, el inolvidable Cacique de la Junta. Los vallenatos olvidaremos la terna por unos días mientras nos entretenemos en otra con caja, guacharaca y acordeón ensayando algo que los tiempos obligan: El festival vallenato virtual. En una ciudad de parrandas, compadres, amores, bullas y abrazos, nos toca ahora en silencio, como ‘Cayita’ Daza, ( Me gustas cuando callas, porque estás como ausente, diría Neruda) algo inusual en la capital del ¡Ay Ombe y el juepajé!

Es difícil imaginarse pequeños grupos en los patios frente a una fría pantalla del computador o la pequeña pantalla del celular, cuando las frías estaban en la nevera con el humito al destaparlas. Y el sancocho en su punto, no falta un invitado  y un experto, de esos que lo saben todo sin saber nada. El experto vallenatero tiene copia en su casa del cheque de Alejo Durán como primer ganador, guarda como reliquia un poquito de wisky de  los Namén, cuando el ‘Viejo Emiliano’ fue a celebrar sin haber ganado.

El experto asesoró a Castellanos para la primera tarima, y acompañaba a Adolfo Acuña Porras como presentador, más tarde a Electo Gil Bustamante. El experto pide que lo escuchen en todo, sabe de notas, de golpes de caja, es capaz de distinguir un sonido de cuero de chivo blanco al de uno ‘colorao’, exige malanga en el sancocho y guarda en su casa un sombrero de ‘Juancho’ Polo. El experto tiene mil anécdotas que nadie puede refutarlas y si en caso tal ocurre, sabe marcharse a otra parranda.

El experto, distingue bien el chile del ají, habla tanto de Allende como de Pinochet, conoció a Roberto Gómez Bolaño, cuando vino de inédito al festival, declama con propiedad versos de la Mistral, propicios para este evento tan raro: Anda libre el surco / bate el ala al viento / late vivo el sol / y se prende el pinar / no te vale olvidarlo / como el mal pensamiento / !Le tendrás que escuchar!

Siempre es bueno escuchar al experto, esta vez sentado en su mecedora frente a la pantalla y posiblemente harto de moringa preventiva. Desde ahí escucharemos las notas, cantos, versos y rimas, los bajos y los movimientos de cabezas que últimamente tienen los acordeoneros, como si ensayaran una chilena. Y ellas también, las mujeres tocarán y encantarán desde lo lejano. Nadie podrá oler sus perfumes, como el humo de la cerveza, el sonido del hielo con el wisky o el calor del sancocho del patio… Todo virtual.

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